- Carolina Lancilla
- 5 ene 2025
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Lo que lleva al hombre a plantarse ante la inmensidad en absoluta desnudez. Una inmensidad de espacio flexible, elástico. El universo comprimido. Zipeado en sesenta metros cúbicos. O en sesenta mililitros, envase chico, si el resabio es la esencia.
Bajar la guardia también es cosa de héroes, otra clase de areté.
Pasado en ruinas, más o menos reciente... qué importa.
Mirarse al espejo y reconocerse ante lo incierto. Maquillarse las cicatrices de heridas infringidas por algún destino mal entendido por la excesiva atención a los oráculos y sus falacias.
No es cosa justa andar de padeceres.
Detrás, ruinas. Adelante, el abismo. La espada y la pared, el subtítulo de la existencia nuestra de cada día.
Sin embargo, el bálsamo anidado en el cuenco de unas manos blandas traen el alivio de los pies cansados, como si los lavara el mismísimo Cristo.




