Caen. Como mariposas a pique, con la intención suicida de quien desgarra y mutila la pulsión de la vida. Caen. En el vértigo insistente de la tormenta agazapada. Caen como ilusiones que se quiebran. Como lágrimas que corroen las mejillas frescas. Caen como quienes ya vencidos entregan las armas. Como quien se asoma al precipicio... y salta.
Una flor guacha. Inesperada, entre las grietas del espíritu gris del tránsito resonante en los pulmones de edificios. La que con toda autoridad de conocer el valor del esfuerzo y la tenacidad – vos, flor obstinada y altanera, germen de revoluciones silenciosas – contradice los versos de Baldomero y signa como una letra escarlata el lugar de la resistencia. Como un grafitti en el muro. Una flor es Victoria. Es alegría del sí se puede. Es resiliencia. Sobrevivir a la tormenta