Bitácora 14-01-25
- Carolina Lancilla
- 14 ene 2025
- 1 min de lectura
Seguramente el hombre percute para sentir que domina el latido, ese sesgo de vida que por un instante sin tiempo (de)pende de sus manos.
Una dominancia que llevaría al experto a la categoría de Supremo.
Una fusión espiritual con la esencia sonora del cosmos en el ritmo interno de la vida.
Un juego carnal de manos y parches. De vasijas. De fogones, torno y barro. De viento de cañaverales y agua que rasga las piedras.
De remolinos en la melena del sauce.
Voces viejas. Gargantas huecas. Cantos ralos.
Un tun tun que sube desde los pies que en un intento de vuelo rasante entre los sembrados manchados de verdes rancios por el sopor de la siesta que los fermenta, cae por el propio peso de la insuficiencia humana.
Ave que no fue... y que por eso baila...
Pura imitación, el tun tun.
Jugar a ser Dios.






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