Bitácora 11-07-24
- Carolina Lancilla
- 11 jul 2024
- 1 min de lectura
Los ciclos de la vida son historias de regresos.
Nóstos.
El héroe vuelve transformado, victorioso y anhelante de brazos añorados, de besos extrañados.
Tener por quién volver, he aquí su realidad. Tener quién mantenga la memoria del ausente nombrándolo lejos.
El bronce verdoso de la victoria, con aguerridos Ulises conservando el ánimo y el cuerpo intacto.

Pero... ¿qué hay de los cuerpos anhelantes de un retorno que no fue?¿Qué hay de esas cabezas calizas y de las manos apergaminadas de espera, que no serán heroicamente besadas nunca?
Un regreso es una búsqueda de lo propio en el lugar del que se partió. Con la intrínseca necesidad de lo inmutable custodiando la escena del abandono aun cuando el cambio es condición necesaria del discurrir de la vida y de nosotros mismos como relato.
¿Qué se busca, entonces, con el regreso?
Tal vez la levedad del beso que aflora de los labios cuya voz acompañó la hazaña y susurró el hogar en cada ocaso.
Tal vez la mirada que aún en la pena se reconoce propia.
No hay sin embargo un nombre glorioso para quien espera. No hay tampoco una categoría heroica para nombrarlo. O sí. Paciente... un paciente pathos...
Cada regreso es, pues, doblemente volver a encontrar-se.





Comentarios