Bitácora 26-06-24
- Carolina Lancilla
- 27 jun 2024
- 1 min de lectura
Ciertos días el viento toma el pincel y las acuarelas. Son esos en los que prefiere los bordes difusos de lo que considera una osadía de los caminantes: la pretensión de la realidad material delimitada e inmutable.

Entonces se empeña en mostrarnos la imprecisión.
Y quizás su intención sea de carácter pedagógico, para llevarnos a una introspección capaz de hacernos conocedores de un día de lluvia y fijarlo con tinta indeleble en el recuerdo, sin ninguna otra excusa, por su propia importancia.
Lejos, las flores se abren y los frutos exultantes de preñez se hinchan y contonean con pretendida actitud emancipadora y promesas de placeres y dulzor.
Declarada imposibilidad de atrapar con la palabra la paleta de los verdes, no hay trampera que los diga.
El chocolate caliente empaña los anteojos de un insistente observador de constelaciones inauditas de gotas errantes
en el vidrio de la ventana.
Y vos, única nota de color en la aspereza de un callejón...





Comentarios