Una página como yo, en permanente (de)construcción
- Carolina Lancilla
- 8 may 2024
- 1 min de lectura
Cada quien tiene su don. Un regalo que el Universo (o la suerte, o el azar) trae encarnado en una persona para que juegue la vida.
Y en esa huella cósmica de la trascendencia, la alquimia…

Recibí de regalo la sensibilidad ante la palabra, y la transmutación que produce cuando se pronuncia en historias y en melodías. El misterioso mecanismo por el que produce la emoción…
Así llegue a la Literatura, una dimensión que me hizo ser náufrago, tirana, refugiado, guerrera, artista, sierva, obrero, villana, princesa, heroína, antihéroe…Viajero.
Encontré una historia en cada objeto, en cada lugar, en cada desconocido, en cada libro, en cada tango.
Creo que los dones son para compartirlos, para inspirar, para construir.
Cada rincón de este no-lugar tiene la intención de ser un disparador para nuevas maneras de ver y sentir… para despertar la palabra dormida o un expresivo silencio.
Y en esa convicción se me impone ofrecer mi camino de vida. Porque, ¿para qué sirve tener lo que no se comparte? Si en definitiva, nuestra única intención es dejar huella compartiendo el camino.
Suelto lo que fui construyendo con el material precioso de la palabra y lo que fui interpretando cuando palabras de otros me emocionaron.
Muchos de estos trabajos están publicados en actas. Otros duermen en la custodia legal esperando una oportunidad. Pero entiendo que la oportunidad es esta, porque ¿para qué sirve un texto en un cajón?
Les pongo alas de ave migrante, confiando que van a saber llegar a destino…





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