- Carolina Lancilla
- 31 jul 2024
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La luz nos hace visibles, sobre todo si el foco está adentro.
Ciudad de almas oscuras... con marañas de recuerdos y pozos insondables. Almas abisales.
Hay veces, sin embargo, en las que un destello de luciérnaga asoma en las pupilas.

Sale el asombro de la bolsa de polvos mágicos y se esparce en la piel para que cada poro se erice ante la maravilla.
Alegría de puercoespín en los ojos que ya se llenan de esferas luminosas lacerantes del espacio negro de sombras y pesadillas.
Formas añejas y estelares.
En esa visibilidad, lágrimas de prisma... tintes indelebles...
Ph: Paulino Brener



