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  • Foto del escritor: Carolina Lancilla
    Carolina Lancilla
  • 28 jun 2024
  • 1 min de lectura

Actualizado: 11 jul 2024

El corazón es un músculo. Si trabaja mucho se ensancha, se potencia. Pero también se endurece.

Las penas son el anabólico perfecto para acelerar el proceso, pero a nadie le gusta tener un corazón entrenado.

Se puede esgrimir un cuerpo con curvas y hacer alarde de la tonicidad y la disciplina.

Sin embargo, es avergonzante hacer alarde de un corazón férreo por el ejercicio forzoso de su resistencia a las traiciones.

Con toda seguridad, si se pudiera volver a este mundo en un segundo tránsito, sería un deseo válido (sino el único) poder llevar y conservar durante todo el recorrido un corazón blando, fláccido, fofo, sin cicatrices.




ph:@fafa_._._

 
 
 
  • Foto del escritor: Carolina Lancilla
    Carolina Lancilla
  • 27 jun 2024
  • 1 min de lectura

Ciertos días el viento toma el pincel y las acuarelas. Son esos en los que prefiere los bordes difusos de lo que considera una osadía de los caminantes: la pretensión de la realidad material delimitada e inmutable. 

Entonces se empeña en mostrarnos la imprecisión.

Y quizás su intención sea de carácter pedagógico, para llevarnos a una introspección capaz de hacernos conocedores de un día de lluvia y fijarlo con tinta indeleble en el recuerdo, sin ninguna otra excusa, por su propia importancia.

Lejos, las flores se abren y los frutos exultantes de preñez se hinchan y contonean con pretendida actitud emancipadora y promesas de placeres y dulzor.

Declarada imposibilidad de atrapar con la palabra la paleta de los verdes, no hay trampera que los diga.

El chocolate caliente empaña los anteojos de un insistente observador de constelaciones  inauditas de gotas errantes 

en el vidrio de la ventana.

Y vos, única nota de color en la aspereza de un callejón...

 
 
 
  • Foto del escritor: Carolina Lancilla
    Carolina Lancilla
  • 22 jun 2024
  • 1 min de lectura

Una ciudad con puerto es un cheque en blanco.

Desde ahí se parte al abismo de aguas cromáticamente frías.

Proa hacia la fe en las profundidades, corazones sin brújula con imbricadas ansias expectantes de aventura... o de esperanza...

Los sueños de los marinos deben ser estáticos ¿Cómo no fundirse en el horizonte parejo de las mareas donde sólo se advierte el final en un trazo de acuoso azul?

Los territorios oscuros de las noches sin luna albergan las bestias dormidas en el fondo de la memoria, donde sólo se navega si se está suspendido en el agua... o quizás también flotando en el aire...

Ondaje espumoso donde el viento deseoso de hogar desquita la condena de su pobre condición de pasante, las veces en caricias, las veces en violentas sacudidas surfeantes.

Y ese horizonte, suspensión del tiempo... 

Salva vidas.

Promesa de lo incierto...

 
 
 
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